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El secreto de la felicidad
| El secreto de la felicidad |
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| Written by Myri Ramírez | ||||||
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Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad.
El joven anduvo durante 40 días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Ahí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta con los más deliciosos manjares de aquella región del mundo.
El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar 2 horas para que lo atendiera. El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le suigirió que diese un paseo por su palacio y volviese 2 horas más tarde.
"Pero quiero pedirte un favor" - añadió el sabio, entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer 2 gotas de aceite. "Mientras camines, lleva esta cucharilla y cuida que el aceite no se derrame".
El joven empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las 2 horas, retornó a la presencia del sabio.
"¿Qué tal?" - preguntó el sabio -. "¿Viste los tapices de Persia que hay en el comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó 10 años en crear?, ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?"
El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las 2 gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
"Pues entonces vuelve, y conoce las maravillas de mi mundo"- dijo el Sabio -. No puedes onfiar en un hombre , si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez, mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrrededor, la delicadeza de las flores, el esemero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
"Pero, ¿donde estan las 2 gotas de aceite que te confié?"- preguntó el Sabio. El joven miró la cuchara, y se dio cuenta que las había derramado.
"Pues este es el único consejo que puedo darte - le dijo el más Sabio de los Sabios - El Secreto de la Felicidad, esta en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las 2 gotas de aceite de la cuchara".
Relato del libro "El Alquimista" de Paulo Coelho.
Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad.
El joven anduvo durante 40 días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Ahí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta con los más deliciosos manjares de aquella región del mundo.
El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar 2 horas para que lo atendiera. El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le suigirió que diese un paseo por su palacio y volviese 2 horas más tarde.
"Pero quiero pedirte un favor" - añadió el sabio, entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer 2 gotas de aceite. "Mientras camines, lleva esta cucharilla y cuida que el aceite no se derrame".
El joven empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las 2 horas, retornó a la presencia del sabio.
"¿Qué tal?" - preguntó el sabio -. "¿Viste los tapices de Persia que hay en el comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó 10 años en crear?, ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?"
El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las 2 gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
"Pues entonces vuelve, y conoce las maravillas de mi mundo"- dijo el Sabio -. No puedes onfiar en un hombre , si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez, mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrrededor, la delicadeza de las flores, el esemero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
"Pero, ¿donde estan las 2 gotas de aceite que te confié?"- preguntó el Sabio. El joven miró la cuchara, y se dio cuenta que las había derramado.
"Pues este es el único consejo que puedo darte - le dijo el más Sabio de los Sabios - El Secreto de la Felicidad, esta en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las 2 gotas de aceite de la cuchara".
Relato del libro "El Alquimista" de Paulo Coelho.
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Me parece interesante el que la vida más mala, la existencia más pobre, se atribuya a la voluntad de Dios, pero cuando los seres humanos se vuelven más aptos, mientras su estilo y su estándar de vida asciende la escala material, la responsabilidad de Dios desciende en escala a una velocidad increíble Maya Angelou
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